Y la sociedad dijo… “NO TENDRÁS TIEMPO”

Ingrid Astiz Manejo del tiempo, Productividad 4 Comments

Unas líneas dedicadas a desenmascarar un engaño social jamás cuestionado… ¿En verdad no tengo tiempo?…

“Necesito un doble, no tengo tiempo para hacer ni la mitad de las cosas que debería”; “corro todo el día y aún así no me alcanza el tiempo”; “no tengo tiempo para nada, no tengo tiempo”…

Repetirnos internamente “no tengo tiempo” es una gran trampa que acelera nuestra ansiedad y nos hace percibir, precisamente, que cada vez tenemos menos tiempo.

Resulta tan fuerte el mandato cultural del “no tengo tiempo”, que se ha convertido, incluso, en señal de importancia. Está instalada la creencia de que el exitoso no tiene que tener tiempo. Lo puede tener todo, menos tiempo. Y casi se han vuelto un distintivo de sofisticación los ataques de pánico, el estrés o los problemas de insomnio.

Sin embargo, todo parte de la ilusión del “no tengo tiempo”, una gran mentira social, un mandato propio de la aceleración de los tiempos que signa la época en que vivimos.

“No tengo tiempo” es una frase característica de esta cultura. Sin embargo, no resiste el menor análisis: respiro, mis sentidos están activos, estoy vivo, entonces “sí tengo tiempo”.

Es como tener que nadar mil metros creyendo que no podemos sacar la cabeza para respirar: “no voy a llegar, no voy a llegar, ya no tengo aire…”, y lo único que sucede es que simplemente no nos planteamos la posibilidad de sacar la cabeza y llenarnos de aire los pulmones. No se trata de una metáfora, es tan literal como esta imagen.

¿¿¿Quién dijo que no puedo detener la máquina unos minutos (¡unos minutos!) al día para meditar, caminar, escuchar música, mirar el cielo o simplemente cerrar los ojos y no hacer nada más que respirar???

Recordemos la trampa y cuestionémonos: ¿realmente no tengo tiempo? Saquemos la cabeza fuera del agua y, cuando percibamos los primeros síntomas de alivio, dediquémonos a planear nuevamente una estrategia eficiente de administración del tiempo, pero contemplando todas las necesidades, inclusive aquellas existenciales.

LA CURA DEL TIEMPO

Ante el síndrome del “no tengo tiempo”, son remedios infalibles:

  1. Dejar de usar la construcción “tengo que…” en relación a acciones que hago para o por terceros (esposa, esposo, hijos, jefes, empleados…), y decidir que no “tengo que” hacer nada más que tomar responsabilidad por las decisiones sobre cómo uso mi tiempo.
  2. Dejar de postergar momentos de alegría, felicidad, descanso… No repetiremos como una promesa lejana “no veo la hora de…” o “seré feliz cuando…”.
  3. Provocarnos momentos de pausa en medio del “no tengo tiempo”. Recordar que se trata de un engaño y hacer un esfuerzo por batallar contra ese patrón de pensamiento.

 

ESTE POST ES PARTE DEL CAPÍTULO MANEJO DEL TIEMPO CON INTELIGENCIA EMOCIONAL, DE LA COLECCIÓN ENTRENANDO LA INTELIGENCIA EMOCIONAL.

CONTENIDOS: www.fuerzatres.com | PUBLISHER/PRODUCCIÓN: www.elvuelo.net

Comments 4

  1. Leyendo este articulo, me vino a la cabeza el Papa Francisco, quien en el medio de sus múltiples actividades siempre tiene tiempo para cosas como hacer un llamado a alguien que necesita ser reconfortado, interiorizarse por la salud de alguna persona, saludar a alguien para felicitarlo, escribir una carta o contestar un mail de alguien que espera su respuesta….

  2. El tiempo no se devuelve, ni se detiene; marcha a su ritmo. El tiempo es una abstracción no es culpable de lo que a su paso ocurra, porque no es él quien realmente actúa, somos nosotros los que vivimos en el tiempo…
    Muy linda la nota. Felicitaciones!

  3. Post
    Author

    Mi querido colega Luis Mulato me hizo una observación en privado, que me pareció tan acertada que la quiero poner pública. Es sobre los dos primeros puntos de “remedios”, que están en negativo y falta el accionable positivo. Así que acá complemento:
    1. Expresar los deseos y hacerme responsable de mis elecciones. Por ejemplo, en cambio de “tengo que cocinar porque mi familia espera que yo lo haga”, poder conversar con ellos y elegir concientemente qué deseo hacer, y si elijo cocinar, poder expresar “voy a cocinar porque deseo comer rico y que mi familia también coma rico”.
    2. Elegir disfrutar el momento presente tal como se presenta. Prestar atención a los pequeños regalos de todos los días, apreciarlos plenamente, detenerse para contemplar y agradecer desde el corazón.

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