Dinero: Creencias, Neurosis y Mensajes Subliminales

Milena Natalia Meo Conciencia emocional, Dinero 3 Comments

Sigo con el tema del dinero, un tema fuerte porque activa nuestros miedos más profundos, los miedos de vida y de muerte, de sobrevivencia. El dinero nos permite comer, tener una casa/territorio, y reproducirnos, los tres ámbitos manejados por el cerebro reptiliano, el cerebro más antiguo, el que automáticamente entra en acción cuando nos sentimos amenazados y que reacciona escapando, atacando o con la inhibición de la acción.

Una vez que hayamos liberado el dinero de las invasiones de la mente, las emociones y la energía sexual, tenemos que limpiarlo de todas las creencias, de todos los conflictos, todos los traumas y todas las neurosis de nuestra genealogía y más en general del contexto en el que nacimos y nos criamos.

Cada familia carga el concepto del dinero con una definición personal, usa adjetivos, adverbios, juicios, prejuicios, le pone límites a si se puede ganar o no, y cómo. Y toda esta carga se manifiesta en nuestra relación con el dinero.

El mismo verbo que se utiliza asociado al dinero, ‘ganar’, está vinculado con la creencia judeo-cristiana de ‘ganarse el cielo’ (a su vez asociado a ‘fatiga y sacrificio’); ganar en contraposición a perder como dos caras de una polaridad lejana de la plenitud que no es dual. La vida no se gana, se vive. De la misma manera el dinero no se gana, se produce. Producir no tiene polaridad, del latín pro = delante y ducere = generar, parir, crear. Produciren jerga como embellecer vuelca completamente la idea del dinero y la carga de otra energía, dinero / trabajo = generar belleza enriquecer el mundo, y esta es la plenitud.

Existe el dinero que se gana con sufrimiento/sudor/sacrificio, el dinero que solo se puede heredar, el dinero que se gana en el juego, el dinero que se mendiga, el dinero cargado de tristeza y expectativas de los emigrantes, el Dios-dinero, el dinero-poder que manipula, controla y somete, el dinero despreciado, negado y culpogeno del cristianismo, el dinero exaltado y anhelado por la cultura protestante, el dinero relacionado con la usura de la cultura judía. Hay juicios y creencias de todo tipo: el dinero es la raíz de todos los males, los ricos siempre engañan, no se puede tener todo, sólo se puede nacer rico, se necesita dinero para hacer dinero, para ser rico se necesita suerte, etc., etc., etc.

Para nuestro cerebro reptiliano, ser echado de nuestra manada = muerte, y es por eso que la lealtad absoluta a nuestro clan y a sus creencias es una cuestión de sobrevivencia. Y así, por (falso) miedo a la muerte, nos boicoteamos, para no desobedecer a las órdenes inconscientes de nuestros antepasados, al sutil chantaje emocional de nuestro árbol genealógico, para no traicionar las creencias de nuestro clan.

Mandatos más o menos explícitos como ‘no me puedes superar’, ‘si yo no he ganado no ganaras tu tampoco’, ‘si yo no he podido, no podrás tu tampoco’ predisponen a una neurosis de fracaso que nos lleva por lealtad, miedo o culpa a no superar la condición económica de nuestros padres. A la misma neurosis nos llevan mensajes opuestos como ‘nos tienes que superar’, ‘tienes que rescatar la genealogía’, ‘tienes que triunfar allí donde yo he fracasado’, cargándonos con una presión de expectativas que nos convierte en prisioneros en constante frustración y nos aleja de nuestra misión.

Mandatos más o menos subliminales como ‘no nos podes abandonar, nos necesitas’, o su contrario ‘no nos podes dejar ahora que te necesitamos’ nos llevaran a boicotearnos y por lealtad, miedo o culpa nos harán respectivamente económicamente dependientes de nuestros padres o económicamente indispensables para ellos.

Debido a mensajes como ‘me traicionaste, no has realizado el destino que tenía planeado para ti’, ‘no realizaste mi sueño’ me boicoteo y si no cumplí tu misión, para pagar la culpa, no cumpliré tampoco la mía.

De la misma manera, debido a mensajes más o menos sutiles como ‘tuve que dejar mi carrera porque estaba embarazada de ti’, ‘nos hemos sacrificado por ti’, ‘no teníamos dinero, y llegaste tú’, me siento un peso, un error, un obstáculo. Mis padres no se realizaron por mi culpa, se sacrificaron, por tanto para pagar esa culpa yo tampoco me realizaré y porque mi entrada en el mundo no fue “bien-venida”, no voy a ser capaz de enriquecer el mundo.

Si mis padres nunca me vieron como realmente soy, si no reconocieron y aceptaron mi esencia, pero sólo proyectaron sobre mí sus deseos, entonces para ser visto, para ser amado, para ser reconocido ganaré el dinero cumpliendo sus planes y no seré capaz de expresar mis talentos, mi misión. Sólo haciendo lo que nos gusta la abundancia que es plenitud entra en nuestras vidas. Y si a estas palabras aparece el pensamiento ‘yo nunca podría vivir con lo que me gusta’, soy yo en primer lugar que no estoy dando valor a lo que amo. Soy yo que una vez más estoy obedeciendo a una creencia de la sociedad o a un mandato de mi clan. Un proverbio chino dice: “El valor de cualquier cosa depende del concepto mental que tenemos, no del objeto en sí mismo.”

Siempre debemos preguntarnos: ¿Por qué hago esto? ¿Por qué lo quiero? ¿Por qué lo deseo? ¿Estoy expresando todo mi ser o sólo una neurosis familiar? ¿Cuál es el verdadero fracaso?

¿La forma de salir? ¡Desobedecer! ¡Rebelarse! Transgredir las órdenes inconscientes recibidas por nuestra genealogía y nuestro medio ambiente con el fin de ser nosotros mismos, ser libres en todos los niveles, incluido el financiero.

Más limpiamos la idea que tenemos del dinero, más lo neutralizamos, más nuestra esencia y todo nuestro potencial creativo se expresará, convirtiéndonos en seres libres y plenos.

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