Cerebro y Conciencia emocional

Ingrid AstizCoaching expresivo, Comunicación creativa, Conciencia emocional, Creatividad e innovación, Liderazgo, Resolución de conflictos, TeoríaLeave a Comment

El sistema límbico (también llamado “cerebro emocional”):
– Es un conjunto de estructuras subcorticales que regulan la vida instintiva, la actividad visceral y la respuesta emocional a partir de la información sensorial y de la información procedente del intracuerpo.
– Es el centro de la afectividad donde se procesan las distintas emociones como las penas, miedos, angustias y alegrías intensas, y crea los estados subjetivos del organismo.
– Se diferencia de la parte más primitiva (llamado “cerebro reptil”) que se encarga de los instintos básicos de la supervivencia y de las áreas corticales (llamado “cerebro racional”) que se encargan del proceso intelectual-cognitivo-reflexivo.

Características de una persona “atrapada en el limbo”
– Descontrol emocional: Los lóbulos prefrontales y frontales no logran moderar las reacciones emocionales (es decir, no logran frenar las señales del cerebro límbico).
– Atasco: no logran desarrollar planes de actuación concretos para situaciones emocionales.
– Apegado a sus propias historias e interpretaciones de los hechos: cree que sus interpretaciones son “la realidad”, y por lo tanto ignora, desconfía o rechaza otras interpretaciones, lo cual lo lleva al aislamiento.
– Bajo registro del afuera: cree que su química interna, sus emociones y sus pensamientos son lo único que realmente existe; hay una secuencia de imágenes internas y de pensamientos que se repiten constantemente en su propia mente, entonces mira el afuera pero ve sus propias imagenes internas, oye a otros pero se escucha a sí mismo.
– Desconección interna: culpa al otro o al destino cuando sus emociones son negativas, se vuelve adicto a una sustancia o persona cuando sus emociones son positivas; cree que sus emociones son producidas por el afuera y no registra que son producidas por su interpretación de lo percibido y sus pensamientos.
– Idealismo: cree que el mundo y las demás personas deberían comportarse como él cree que debería ser, quiere ser un pequeño dios en un mundo que responda a “su voluntad”, sin adecuarse a la realidad ni al momento presente, lo cual lo lleva a un estado de enojo y frustración.
– Desesperación: manipula para ser querido y no es capaz de sentir amor.
– Laberinto sin salida: está atrapado en la red de sus propias conexiones neuronales, no logra salir del encierro de su propia mente, se esfuerza en buscar la salida recorriendo obsesivamente sus propios surcos mentales.

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