Resistencia y Aceptación

Ingrid AstizCoaching expresivo, Comunicación creativa, Conciencia emocional, Desarrollo de equipos, Liderazgo, Motivación, Resolución de conflictos, Teoría, Valores humanosLeave a Comment

Cuando hay resistencia, hay sufrimiento. Cuando nos cansamos del sufrimiento, podemos emprender un camino hacia la aceptación.
 

En la actitud de víctima – Resistencia

– Nos resistimos a los sucesos de la vida, evitando conectarnos con nosotros mismos y con los demás, persiguiendo la aprobación externa.
– Ante lo que no podemos cambiar: nos quejamos y nos resentimos; creemos que los demás no están haciendo su mejor esfuerzo; culpamos a otros, a nosotros mismos, al “sistema” o a nuestro destino.
– Ante lo que podemos cambiar y no tenemos el valor suficiente: repetimos viejas creencias; nos debilitamos en la resignación; sentimos temor y vergüenza; somos condescendientes; evitamos abrirnos y exponernos; escapamos de los desafíos; fingimos desapego; nos atascamos en rutinas defensivas; nos limitamos al acatamiento de órdenes o a la rebeldía.
 

En la actitud de participación – Aceptación

– Aceptamos las circunstancias de la vida, con calma y amor. Hacemos lo mejor que podemos con lo que la vida nos da, momento a momento, en cambio de querer ajustar todo a los propios deseos.
– Ante lo que no podemos cambiar: nos relacionamos con serenidad, sin buscar dirigir la vida de los demás.
– Ante lo que podemos cambiar: asumimos responsabilidad, reflexionamos sobre las alternativas de acción y enfrentamos el desafío con coraje.
 

Cambio de actitud

Las víctimas generan víctimas. Por suerte, la aceptación funciona de la misma manera: la aceptación promueve una mayor aceptación.

Hay una frase poderosa: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. La ilusión que podemos evitar el dolor nos lleva al sufrimiento. El dolor que retenemos adentro nuestro lo protegemos con capas de emociones e historias de víctimas. En cambio cuando tomamos conciencia que elegimos día a día cómo contar nuestra propia historia, renunciamos a la pretensión de inocencia y nos damos cuenta que el sufrimiento es opcional.

Liberar el dolor y asumir responsabilidad por nuestra vida, puede ser una aventura aterradora. Por esto es tan importante realizarlo de la mano de seres humanos que transmitan amor y confianza, que nos enseñen con paciencia el camino hacia el perdón y la compasión, que nos ayuden a despertar la sabiduría de discriminar lo que podemos cambiar de lo que no podemos.
 

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