El chivo expiatorio

Ingrid AstizCoaching expresivo, Comunicación creativa, Cultura organizacional, Desarrollo de equipos, Resolución de conflictos, Teoría, Valores humanos2 Comments

En la antigüedad

chivoEl sistema del “chivo expiatorio” operaba en sociedades antiguas como una forma de control a la violencia. Para lograrlo, la víctima tenía que ser sacrificable sin mayores consecuencias, y por esto el proceso comenzaba por señalar a alguien con alguna debilidad visible o que tuviera dificultad para defenderse (un animal, un extranjero, una mujer sola, una persona con discapacidad física, un enfermo terminal). Seguido a esto se originaba el proceso de imitación donde todos señalaran al chivo expiatorio como el concentrador del “mal” de la comunidad (sequía, enfermedades, guerras, etc.). Por último se producía la catarsis colectiva: la víctima era sacrificada y el pueblo festejaba la restauración del orden. Una vez terminado el sacrificio una sensación de paz regresaba a la comunidad, esta tranquilidad duraba hasta que se volvía a presentar un problema que no supieran resolver o se volvieran a hacer presentes las dificultades de siempre. Es decir, es un sistema donde no se resuelven los problemas de fondo: estos perduran en el tiempo de forma latente, y en determinadas situaciones operan como disparadores de escaladas de violencia, cuando la tensión se vuelve insostenible emergen expresiones simbólicas que alivian, y luego de un descanso la dinámica vuelve a empezar.

 

En la actualidad

culpadoEn las organizaciones actuales suelen llamar “negativo”, “problemático”, “difícil”, “complicado” al que tiene el coraje de decir lo que otros temen o que se comporta diferente. En cambio, de escucharlo con atención y comprender su punto de vista, a veces refuerzan los juicios descalificativos, los repiten y hacen circular por los pasillos hasta que todos quedan auto-convencidos de sus opiniones. A veces no necesita ser particularmente “complicado” sino simplemente ser percibido como tal: que ocupe determinado rol y que haya cierta desconexión emocional hacia la persona (desconexión que permita atacarlo sin sentir lástima), como por ejemplo: el jefe, el cliente, el proveedor, el nuevo, o incluso puede ser algo inmaterial como “el sistema”. También a veces el acusado es un grupo: los jóvenes, los viejos, los directivos, los de IT, los comerciales.

Si nadie frena este proceso descalificatorio y si el acusado no se corre del lugar de víctima, puede llevar a que sea culpado y castigado por problemas que no tienen un claro responsable o por equivocaciones de otro/s. No es necesario que sea culpable, basta con el acuerdo del grupo para que sea tratado como tal, y que todos mantengan el vacío de la responsabilidad. En un proceso que se repite una y otra vez porque se realiza de forma inconsciente, sin notar lo perjudicial que es para todos.

En casos extremos: Echarle la culpa a otro ser humano, lo lastima y muchas veces colabora a que desarrolle conductas autodestructivas (tales como adicciones, manipulación, depresión o dependencia emocional), y cuando cae en estas conductas pareciera ser una “profecía autocumplida” y se refuerzan las acusaciones en un círculo vicioso.

 

Camino de salida

salidaEl primer paso puede ser reconocer este mecanismo como una tendencia social automática, en la cual todos caemos en determinado momento, en cierto grado. Y cuando estamos cayendo poder admitirlo con humildad y preguntarse: alimentaré esta escalada de desprecio o me tomaré tiempo para reflexionar? escucharé a quien es acusado con la sincera intención de comprenderlo?  reflexionaré sobre los problemas de fondo para diseñar una solución genuina?

Así como el mecanismo de chivo expiatorio es contagioso y los nuevos en el grupo tienden a imitar las dinámicas ya automatizadas, el mecanismo de salida a través de la conciencia y la responsabilidad también contagia. A veces, al principio, quien intenta hacer algo distinto puede ser criticado y acusado, pero si esa persona persiste sin identificarse con un lugar de víctima, podrá avanzar identificando quienes le son afines en sus intenciones y formar con ellos un primer grupo de agentes de transformación. Cuando este equipo demuestra logros, destrabando conflictos y resolviendo problemas concretos, más personas quieren sumarse a la nueva dinámica.

 

 

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