¿Cómo resolver conflictos? – El triángulo dramático

Ingrid AstizCoaching expresivo, Comunicación creativa, Cultura organizacional, Desarrollo de equipos, Dinámicas y ejercicios, Los preferidos, Motivación, Productividad, Resolución de conflictos, Teoría5 Comments

A continuación presento una herramienta conceptual que ayuda a comprender y desarmar la dinámica de los conflictos.

Fue diseñada por el psicólogo Steve Karpman, y aquí la presento según mi experiencia.

¿Cómo es la dinámica dramática?

Todos los dramas humanos se generan por ser parte de juegos donde los involucrados van asumiendo e intercambiando tres roles básicos: provocador, rescatador y víctima. Cuando hay disparidad (uno se cree mejor o peor que el otro), emergen las luchas para obtener el poder sobre otro ser humano: el sometido pasa a ser sometedor, el sometedor pasa a sufrir las consecuencias de sus acciones. Se basa en una concepción del poder como recurso externo y escaso: es decir, donde “no hay poder para todos” y por lo tanto tenemos que competir para conseguir satisfacer las propias necesidades.

PROVOCADOR: “Malo/a”

  • Manipula con miedo. Se siente valioso cuando le temen y reaccionan a sus provocaciones. Elabora reglas poco prácticas (o poco atractivas para el otro) y exige que se cumplan por medio de amenazas (explícitas o implícitas).
  • Presiona para que otros le den más que lo que él/ella ofrece o le corresponde. Cuando los demás descubren esta tendencia: lo evitan, no quieren hacer acuerdos con él/ella, le cierran las puertas. Cuando sus puertas están cerradas y no logra prosperar, a veces pasa al rol de la víctima.
  • Atormenta a personas débiles, o empuja a los demás a una posición de debilidad donde ellos se sientan más fuertes. Oprime para poder usar al otro para su propio beneficio. Si el otro no responde con sometimiento, pierden el interés en esa persona y van a buscar a otra que responda a la manipulación.
  • Matías va comentando, a medida que va leyendo: esto me hace acordar a mi primer jefe. ¡Era tremendo! Nos controlaba con lupa, y apenas hacíamos algo que no respondía exactamente a sus expectativas, nos retaba! Sí, ya eramos mayores de edad y él nos retaba como a niños! Mis compañeros que estaban con él desde hace largo tiempo, trabajaban atormentados por sus críticas y temerosos de todo lo que hacían. Para mí era alguien tremendamente inseguro, y cuando aparecía el dueño de la compañía él pasaba a una actitud de sumisión absoluta. Apenas se iba el dueño volvía al rol de superioridad y a descargar con nosotros su frustración. Cuando le hice frente, simplemente pasó a ignorarme, y yo pasé un tiempo trabajando muy tranquilo hasta que conseguí un trabajo mejor.

RESCATADOR: ”Héroe – Heroína”

  • Manipula con control, es quien centraliza la información o la capacidad para resolver problemas. Se siente valioso cuando lo felicitan y halagan, hace para que lo quieran y aprueben, como si esto lo protegiera eternamente de la soledad, la culpa, la frustración. Esta expectativa suele ser inconsciente, y se revela en la desilusión y el dolor cuando los demás no le hacen los honores que espera, o también en un estado agudo de desánimo luego de haber hecho esfuerzos heroicos.
  • Se siente valioso cuando los demás establecen vínculos de dependencia con ellos. Actúa por el otro, con el mensaje oculto “no puedes lograrlo sin mi ayuda”, por lo tanto sostiene y alimenta el papel de víctima en el otro. Se cree capaz de resolver problemas ajenos, evita que los demás se conecten con las consecuencias de sus acciones, y por lo tanto, impide que los otros aprendan y maduren. Se cree inmensamente bueno por proveer soluciones, y no ve que a veces sus soluciones en lo inmediato son un problema en el mediano y largo plazo.
  • A veces se comporta como “macho alfa” (también vale para mujeres): cuida a su clan mientras estén en su territorio y sigan sus reglas, pero cuando se aleja o cuestiona las reglas, de protector pasa al rol de agresor. O si su clan se vuelve demasiado exigente o numeroso, termina agotado como una víctima.
  • En la películas clásicas están polarizados “el bueno” y “el malo”. A uno se lo admira y al otro se lo teme, el héroe consigue “buena prensa” y el otro recibe todos los ataques. El que lucha contra “el malo” es “el héroe” mientras hay uno o varios inocentes de espectadores, en una actitud totalmente pasiva. El héroe enamora con sus ideales y/o sus hazañas, busca seguidores que lo admiren. La película termina con la gloria del “héroe” pero en la realidad la película continúa… quien está en la posición de superioridad en algún momento caerá agotado, o será desprestigiado.
  • Matías: esto me suena conocido… mi hermana es una bella mujer pero totalmente inútil con el dinero, y su marido era hábil como proveedor, se sentía el dios del hogar resolviendo todos los problemas. Ahora que se separaron, mi ex-cuñado me llama desesperado de que no sabe cómo sacarsela de encima, se queja conmigo y dice cosas del estilo “yo que fui tan bueno con ella, ¡ahora me persigue con su abogada! Tanto que me agradecía, tanto que decía que yo era el amor de su vida, ¡no entiendo como ahora me ataca sin parar!”. Yo lo escucho porque le tengo afecto y es el padre de mis sobrinos, pero no sé cómo no se dio cuenta cómo era mi hermana antes de casarse con ella y cómo la aguantó tantos años con esa actitud tan pasiva que tiene.

VÍCTIMA: “Pobrecito/a”

  • Manipula con culpa. Se siente valioso cuando lo persiguen o lo salvan, o simplemente está cómodo en la inmovilidad y en pasar desapercibido, pero hay muchos temas cotidianos que considera que lo exceden y donde pone el poder afuera. Así, atrae “malos” y “héroes”, o tiene actitudes que activan estos roles en las personas cercanas.
  • Provoca a otros para que lo humille, critique o hiera. Cuando logra esas reacciones, justifica su rol de víctima señalando el error del otro y resaltando que él /ella es “un/a pobre inocente que recibe un trato injusto”. A veces siente miedo por el agresor, otras veces lo usa para desligarse de la responsabilidad sobre su propio destino: si le va mal, la culpa la tiene el otro.
  • A veces está tan apegado a su zona de comodidad que interpreta como “agresiones” cualquier invitación a la reflexión y la creatividad, o ven como enemigos a las personas que los cuestionan o que toman elecciones diferentes.
  • Envía mensajes que lo hacen ver indefenso y desconcertado. Quiere pescado pero que no le enseñen a pescar. Y cuando se le acaba el pescado, vuelve a reclamarlo con energía. Si encuentra un “héroe” que acepte sus demandas, establece con él un vínculo de dependencia financiera y/o emocional. Del agradecimiento a veces pasa a la envidia: ¿por qué el otro prospera y yo no? Y si sigue sin aprender a pescar, pasa a atacarlo exigiéndole más, y a acumular resentimiento cada vez que no respondan a sus demandan. A veces ve al héroe como el salvador y otras veces lo envidia porque cuenta con un poder que él no tiene, sabe resolver las cuestiones y él no.
  • A veces forma -sin darse cuenta- “un club de víctimas”, entre amigos o compañeros de trabajo, donde se juntan para criticar a otros, para darse la razón entre sí. Cuando un extraño intenta decirles algo distinto, lo rechazan “tú no entiendes” o justifican su posición en una alianza grupal “no soy solo yo quien lo ve así, todos nosotros lo vemos de esta forma y por lo tanto tenemos razón”. Estos clubes producen un alivio momentáneo porque allí descargan un poco la frustración, y les dan cierta ilusión de importancia a través del grupo, pero si no cuentan con una guía adecuada esto acentúa una trampa: gracias al club se vuelven tolerantes al malestar, se convencen mutuamente que no hay salida y evitan todo cambio de perspectiva.
  • Matías: ¡tal cual! los compañeros de mi primer trabajo se la pasaban en el almuerzo criticando a este jefe, y luego, volvían a la tarde en su actitud de sumisión. Cuando yo lo enfrenté a ese jefe y quería alentarlos a hacer lo mismo, me decían: “tu situación es distinta, tú puedes enfrentarlo porque sos joven y conseguís trabajo fácil en otro lado, nosotros no podemos”. Y con mi hermana tal cual, ella ahora ya no me llama más porque dice que como soy varón me pongo del lado de mi ex-cuñado. Una vez le dije que asuma que mientras siga con sus artesanías va a seguir pobre, se ofendió como si la hubiese tratado de idiota. Sé que no es idiota, pero no se hace cargo de sus elecciones. Se ha quedado solo con dos amigas que se dan la razón en todo, que también tienen una actitud pasiva ante la vida y se quejan cuando los demás no resuelven sus problemas.

Reflexión abierta

Si no se frena esta dinámica con consciencia, las historias dramáticas pueden continuar eternamente. Pueden llegar hasta agotar emocionalmente, producir problemas de salud, o explotar en actos de violencia. Además, un entramado social donde abunda esta dinámica no evoluciona; al contrario, las personas tienden a estancarse y los problemas se vuelven más graves. Por eso, quiero alentar el proceso de salida, que es un largo camino de aprendizajes y experimentación. Y al mismo tiempo quiero alentar la actitud de respeto hacia quienes eligen continuar en el triángulo dramático, escucharlos siendo escépticos, prestarles atención sin creerse la historia tal como la cuentan pero respetando que esa historia es lo que el otro eligió para su vida y es propiedad del otro. Si a mí no me gusta la historia del otro no por eso tengo derecho a cambiársela, intentar hacerlo sería un acto violento ya que en base a esa historia formó su identidad, tomó decisiones en su vida, gracias a esa historia es lo que es hoy.

Un primer paso de salida puede ser el autoconocimiento: verse a uno mismo en estos roles y dejar de señalar con el dedo a los demás (“tomar el espejo y soltar la lupa”). El poder puede ser concebido como un recurso externo y escaso, o también como algo interno y abundante. Es decir, cuando se cambia la concepción del poder, ya no es necesario manipular a otros para tomar su poder, sino que se concentra la atención en desarrollarlo en un proceso creativo. Cuando uno desarrolla este poder es más sencillo hacerse responsable de las propias elecciones y sus consecuencias.

  • Matías: ejem… vi los roles en los demás… me puse en la actitud del controlador viendo desde arriba como un juez las actitudes de los demás… ¿y yo?… Bueno, a veces me pongo en Héroe cuando me sobre-exijo, paso muchas horas trabajando y descuido mi salud, me gusta que me feliciten en mi trabajo pero después pago la factura que me pasa el cuerpo. A veces me pongo en víctima con el país, espero que los gobernantes resuelvan los problemas de la sociedad, sueño con salvadores, y como los gobernantes no cumplen con mis altas expectativas los acuso de corruptos que destruyen el país. A veces me pongo agresivo, me saco de quicio cuando mi mujer no me entiende, y le grito y la asusto para que se calle, luego me siento culpable y me autocastigo criticándome duramente. Me quedo pensando y creo que puedo aprender a reconocer mis actitudes y sus consecuencias, eso me ayudará a tomar mejores elecciones.

Otro paso de salida puede ser dejar de etiquetar y hacer juicios de evaluación. Es decir, si yo digo de alguien “es víctima” puede ser que haya una connotación despectiva, descalificatoria, que estoy rechazando a la persona. En cambio si me refiero a la actitud, a la forma de hacer algo y no a la forma de hacer, ya la tensión empieza a aflojar. Además puedo usar palabras sin connotación negativa, como por ejemplo “está cómodo”; “está quieto, no encuentra la forma de accionar de una forma diferente, se queda repitiendo un relato y le cuesta salir de lo que conoce”. Cuando dejo de etiquetar como “víctimas” estoy más abierta para ser empática y respetuosa con el ser humano integral, dejo de enfocarme sólo en una característica, una parte, para ver al otro como un todo. Lo mismo con “es malo”, al dejar la etiqueta estoy más dispuesta a buscar el hecho neutral que me llevó a esa conclusión, puede ser “le pedí un favor y no me respondió”, y también me predispone para explorar qué le está pasando al otro que lo llevó a tomar cierta decisión. Cuando elijo contar las cosas de una forma neutral me libero del drama y por lo tanto las soluciones son más fáciles de crear. Cuesta verlo con “es bueno”, pareciera que es un juicio amable, lleno de reconocimiento y afecto, pero a veces es una forma de decir “como hacés lo que yo espero, sos bueno”, y de alguna forma puede ser comprendido como “mientras seas complaciente, voy a tratarme con amabilidad”, lo cual puede implicar “cuando dejes de complacerme, te acusaré de ser malo”. Entonces el arma del premio y castigo está generando una tensión, que con el tiempo puede agotar o provocar reacciones defensivas. Además alguien que es complaciente, puede ser que se esté olvidando de sí mismo, y ese olvido luego puede implicar un sufrimiento vivido en soledad.

  • Matías: no sé por dónde empezar… es mucha información… voy a empezar por mi hermana que la critico seguido y en realidad la quiero… visto así mi hermana es cómoda más que víctima… bueno, en realidad no fue cómoda siempre, se ha esforzado mucho cuando estudiaba y con la crianza de sus hijos. Sólo es que no desarrolló nunca su lado profesional, en ese sentido quedó atascada en el tiempo, pero viéndola como un todo entiendo que no se quedó de brazos cruzados, siempre se estuvo ocupando de algo o de alguien. Y encontró un buen complemento en el padre de sus hijos, se repartían las responsabilidades. Ellos tomaron una decisión por años de ser complementarios, el punto es que cuando se cansaron de ser pareja, ella quedó sin recursos internos para encarar su situación profesional y financiera. Y le cuesta hacer un cambio en este sentido, está atascada, quizás ante la idea de salir de lo conocido sienta miedo o angustia. No sé bien qué le pasa, pero obviamente que si la critico con brusquedad ella se pone a la defensiva y se cierra aún más. Me están dando ganas de invitarla a cenar y preguntarle más cómo se siente, me gustaría entender más cómo ella vive su situación. Lo que más me va a costar es escucharla sin querer cambiarla, aceptando lo que ella está eligiendo.

Luego, hay gran cantidad de herramientas para aceptarse tal cual uno está siendo y al mismo tiempo encontrar caminos para tomar elecciones diferentes… aquí algunas:

Entrenando la Inteligencia Emocional, un curso online y gratuito de Fuerza Tres.

– Comunicación No Violenta (CNV)

5 Comments on “¿Cómo resolver conflictos? – El triángulo dramático”

  1. Hola
    Me parece lo del triangulo un tema interesante , a veces dificíl de analizar, y muy duro para el que lo esta experimentando en su vida.
    Gracias

  2. Ingrid!! Sos genial… aprendí esta herramienta de vos y ya forma parte de mi cerebro! !! Es genial aprender a salir del triángulo! !!!! Y ayuda a entender..a vivir en paz.
    Genia

  3. Genial tu artículo, super completo y a la vez breve considerando la complejidad del tema.

    ¡Felicitaciones!

  4. Muy buen articulo.Ya habia leido sobre analisis transaccional hace tiempo y esto de volverlo a verlo me ayuda mucho.Gracias.

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